La Semana Santa es una buena época para viajar y qué mejor para amenizar el trayecto que hacerlo acompañado por un buen libro. Una buena opción para pasarlo bien es Wilt, de Tom Sharpe.
Henry Wilt es un hombre descontento con su vida. Lleva diez años trabajando como profesor auxiliar del departamento de Artes Liberales en la Escuela de Artes y Oficios y le acaban de denegar el ascenso. Día tras día intenta hacer leer El señor de las moscas a Instaladores de Gas Uno, Yeseros o Carne Dos sin que le hagan ningún caso.
En su casa las cosas tampoco van mejor. Eva, su mujer, es una persona con una energía inagotable, que actúa siguiendo imprevisibles arrebatos de entusiasmo:
Era uno de los días especiales de Eva Wilt. Eva tenía días normales, días especiales, y días de «esos». Los días normales eran sólo días en que nada iba mal: lavaba los platos y pasaba el aspirador por la habitación de la entrada y limpiaba los cristales de las ventanas y hacía las camas y echaba Vim en el baño y limpiaba con Harpic el inodoro (...) tomaba el té con Mavis o Susan o Jean y hablaban de la vida y de lo poquísimo que Henry le hacía el amor últimamente, aunque fuese de modo rutinario, y cómo ella había perdido su oportunidad al rechazar a un empleado de banca que ahora era director, y volvía a casa y le hacía la cena a Henry, y salía a su clase de yoga o de arreglo floral o de meditación o de cerámica y, por último, se metía en la cama con la sensación de que había logrado hacer algo.
Un día Eva conoce a los Pringsheim, quienes les invitan a una fiesta. Allí la situación comienza a embrollarse con la aparición de Judy, una muñeca hinchable. A través de una historia absurda, Tom Sharpe nos muestra el enorme cambio de personalidad de ambos en apenas tres días.
Es un libro muy recomendable si se busca una lectura ligera, pero no es un humor que guste a todo el mundo. Eso sí, cuidado con leerlo en sitios públicos, porque puede resultar imposible contener la carcajada.
Henry Wilt es un hombre descontento con su vida. Lleva diez años trabajando como profesor auxiliar del departamento de Artes Liberales en la Escuela de Artes y Oficios y le acaban de denegar el ascenso. Día tras día intenta hacer leer El señor de las moscas a Instaladores de Gas Uno, Yeseros o Carne Dos sin que le hagan ningún caso.
En su casa las cosas tampoco van mejor. Eva, su mujer, es una persona con una energía inagotable, que actúa siguiendo imprevisibles arrebatos de entusiasmo:
Era uno de los días especiales de Eva Wilt. Eva tenía días normales, días especiales, y días de «esos». Los días normales eran sólo días en que nada iba mal: lavaba los platos y pasaba el aspirador por la habitación de la entrada y limpiaba los cristales de las ventanas y hacía las camas y echaba Vim en el baño y limpiaba con Harpic el inodoro (...) tomaba el té con Mavis o Susan o Jean y hablaban de la vida y de lo poquísimo que Henry le hacía el amor últimamente, aunque fuese de modo rutinario, y cómo ella había perdido su oportunidad al rechazar a un empleado de banca que ahora era director, y volvía a casa y le hacía la cena a Henry, y salía a su clase de yoga o de arreglo floral o de meditación o de cerámica y, por último, se metía en la cama con la sensación de que había logrado hacer algo.
Un día Eva conoce a los Pringsheim, quienes les invitan a una fiesta. Allí la situación comienza a embrollarse con la aparición de Judy, una muñeca hinchable. A través de una historia absurda, Tom Sharpe nos muestra el enorme cambio de personalidad de ambos en apenas tres días.
Es un libro muy recomendable si se busca una lectura ligera, pero no es un humor que guste a todo el mundo. Eso sí, cuidado con leerlo en sitios públicos, porque puede resultar imposible contener la carcajada.
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